MUJER Y REFORMA LABORAL

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Celebramos la aprobación de la reforma laboral, porque, se puede decir, que las mujeres (junto con la población joven) son las grandes beneficiarias.

Recordemos que entre las mujeres existe una tasa de temporalidad mayor, los salarios son más bajos, y el encadenamiento constante de contratos temporales es lo habitual; así como que, la mayoría de los sectores feminizados, son los más precarizados. La reforma laboral limita la temporalidad de los contratos (acaba con los contratos por obra y servicio, salvo los ya vigentes, hasta que acabe la obra, motivo de la contratación), por lo que mejora las condiciones de las mujeres trabajadoras.

Desde el fin de la vacatio legis, el contrato indefinido será el contrato por excelencia. Los contratos temporales quedaran circunscritos a los «picos» de trabajo y podrán concertarse hasta seis meses o para sustitución de una trabajadora, hasta un máximo de noventa días por año.

Por sectores, en volumen, el ámbito en el que el impacto de la reforma será mayor, es el de servicios, con casi 1,2 millones de personas trabajadoras. En el ámbito del sector de servicios se engloban personas empleadas en hostelería, comercio, así como personas empleadas del hogar, sector, este último, formado, fundamentalmente, por mujeres inmigrantes. Además, la subida del Salario mínimo interprofesional hasta los 1.000,00 euros al mes (14.000 euros al año) con carácter retroactivo desde el 1 de enero 2022, tendrá a su vez un impacto directo, en el sector servicios.

Cristina Antoñanzas (Vicesecretaria General de UGT, ha destacado que la reciente reforma laboral beneficia a las personas trabajadoras y en especial a las mujeres puesto que “tiene por objetivo combatir los graves problemas del mercado de trabajo que arrastramos desde aprobación del Estatuto de los Trabajadores: el desempleo y la temporalidad”; y que “con esta reforma se revierte alguno de los aspectos más lesivos de la reforma de 2012, que supuso un gran retroceso en derechos laborales y un importantísimo varapalo para la negociación colectiva, al imponer la supremacía del convenio de empresa sobre los de ámbito superior como el convenio de sector y eliminando la ultraactividad de los convenios”.

Cristina Antoñanzas ha destacado que “se recupera la plena ultraactividad y el convenio de empresa deja de tener prioridad en materia salarial”, ha explicado, “y, en ese sentido, las mujeres, que tienen salarios menores y trabajan en sectores más precarizados, se verán beneficiadas. Además, el hecho de que el convenio sectorial recupere su posición de supremacía en materia salarial, y en las subcontratas solo prevalezca el convenio de empresa si tiene mejores condiciones salariales que el sectorial, es un instrumento fundamental para mejorar las condiciones de las personas trabajadoras en general y de las mujeres en especial”. También, ha resaltado que “los convenios de empresa” pasan, por tanto, a ser instrumentos de regulación de aspectos organizativos que no admiten otro nivel de negociación por su propia naturaleza, como horarios o la adaptación de la clasificación profesional, correspondiendo a la negociación colectiva sectorial los aspectos salariales, retribuciones y jornada”.

Carolina Vidal López, Secretaria de Mujeres, Igualdad y Condiciones de Trabajo de CCOO, ha señalado que la reforma laboral «protege a los sectores más precarios, especialmente a las mujeres», en ese sentido, ha destacado que las mujeres “tienen una tasa de temporalidad mayor, salarios menores, el encadenamiento constante de contratos temporales y que la mayoría de sectores feminizados son los más precarizados”.

Queda mucho camino por recorrer y la reforma laboral no es suficiente para garantizar el cumplimiento de los derechos de las mujeres trabajadoras, la conciliación familiar, así como la equiparación de salarios, dentro del conjunto de las personas trabajadoras; sin embargo, es un buen comienzo, que augura que la transformación hacia la plena igualdad entre mujeres y hombres es posible, cuando dicho cambio lo lideran mujeres.





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